top of page

LA NUEVA POLITICA O UN IMPERIO CAUDILLISTA

Actualizado: 12 may 2020



Indiferente de quien salga ganador y electo presidente de Colombia este domingo, lo cierto es que las elecciones a partir del pasado 11 de marzo ya no son las mismas. Hemos entrado en un maravilloso proceso de conciencia del voto y aspiro se pueda ver reflejado en las próximas elecciones regionales a realizarse en Octubre de 2019.


Desde el día de las votaciones a Congreso se pudo ver a las claras como una ciudad como Bogotá, la más importante del país, derrotaba las maquinarias tradicionales y le daba paso al voto por convicción. Y generalmente lo que empieza en la capital suele irse cundiendo al resto del territorio.


Era como la alborada que anunciaba la fuerte crisis de los partidos políticos, que si bien es cierto lograron importantes resultados representados en múltiples regiones, no lo pudieron o no como lo esperaban en las principales ciudades. Sismo este que vino a tener como momento culme los resultados de la primera vuelta presidencial.


Los dos anteriormente mentados “gloriosos” partidos Liberal y Conservador, hoy son un cascaron con amplia representación parlamentaria regional, pero sin ninguna opción de poder real presidencial ni en las principales capitales departamentales, basta tan solo con mirar los lamentables resultados obtenidos por Humberto De La Calle y la triste realidad de los azules quienes llevan varias elecciones sin proponer candidato propio.


Esos partidos ya no representan a las mayorías y no precisamente por su desgaste presente, sino por décadas de malos gobiernos y por la pérdida de identidad en sus propuestas ligada a la sed de poder. Desde el nefasto Frente Nacional, pasando por el llamado Proceso 8000, los colombianos perdieron la pasión por los trapos azul y rojo y dieron vida a otras expresiones disidencia de las anteriores que hoy también se encuentran en vía de extinción.


Son pocos entonces los partidos políticos que guardan coherencia y que en todo caso superan la coyuntura del poder de turno, garantizando una línea ideológica propia de sus principios rectores y que para todos los efectos agrupa a sus miembros representativos sin rebeliones o divisiones, más allá de sus discusiones internas propias de cualquier democracia.


El Centro Democrático, el Mira y el Polo Democrático son ejemplo de esas características, no obstante tan solo el primero tiene una verdadera posibilidad de permanencia en el tiempo.


Basta con entender el momento histórico que vive hoy el partido del ex presidente Uribe y que a todas luces empieza un relevo generacional en cabeza de Iván Duque, el cual si llega a ser elegido presidente deberá asumir como jefe natural de su partido y le permitirá a su gestor iniciar un retiro tranquilo con la certeza que los postulados que lo convierten en el político más importante de la historia reciente de nuestro país, tendrán vigencia más allá de su historia en lo público.