Decisiones del Gobierno Petro hicieron que el gas en Colombia cueste 35% más
Andesco, el gremio de las empresas de servicios públicos, calculó que el costo del gas en Colombia subió 25% en los últimos tres años, un incremento que su presidente, Camilo Sánchez, atribuyó directamente a decisiones de política energética del Gobierno Petro. En el gas natural vehicular —el que usan cerca de 645.000 vehículos— el alza fue de 30% desde diciembre de 2025. En el gas residencial, el ajuste durante 2025 llegó hasta 35%, según cifras que el propio Ministerio de Minas y Energía —entonces bajo el ministro Edwin Palma— reconoció. Para 2026, Ecopetrol —el mayor proveedor del mercado— subió el precio del gas que vende 34% y renovó apenas el 30% de los contratos que vencían. El titular de "30% más caro" no exagera: está dentro del rango que documentan gremios, reguladores y la propia estatal petrolera.
El colapso de la oferta interna
La causa raíz es una caída de producción sin precedentes recientes. Según la Agencia Nacional de Hidrocarburos, la producción nacional de gas cayó 17,1% en 2025, cerrando el año en 794 millones de pies cúbicos diarios. En febrero de 2026 el promedio fue de 695 millones de pies cúbicos diarios, el nivel más bajo desde 2009. Colombia pasó de importar un 3% marginal del consumo entre 2015 y 2023 —gas que solo entraba a las termoeléctricas en sequías fuertes— a importar entre 30% y 34% del consumo diario en 2026, según reportes consolidados por la Bolsa Mercantil de Colombia, SEGAS y la UPME. Uno de cada tres metros cúbicos que se consumen hoy en el país llega del exterior.

Por qué el gas importado es más caro
El gas natural licuado (GNL) que entra por la terminal SPEC en Cartagena cuesta entre dos y tres veces más por unidad energética que el gas de boca de pozo colombiano, según la propia Superintendencia de Servicios Públicos. Un informe oficial publicado el 25 de mayo de 2026 —elaborado con datos del Gestor del Mercado de Gas Natural y 18 productores— encontró que los precios internos del gas superan el referente internacional Henry Hub en 199%, por distorsiones estructurales en la formación de precios que golpean, sobre todo, a hogares y pymes. A eso se suma la volatilidad internacional: entre junio y agosto de 2026 el precio del GNL contratado pasó de USD 13,96 a USD 18,39 por millón de BTU —un salto de 32% en un trimestre, según el experto Sergio Cabrales.
Lo que se aplazó
Dos frentes de oferta que habrían amortiguado esta transición quedaron detenidos. Felipe Bayón, presidente de GeoPark, afirmó en un encuentro de Acipet que Ecopetrol tenía estudios preliminares para traer el gas del yacimiento Sirius —descubierto en 2022— desde 2028, pero que cambios en el equipo técnico de la estatal aplazaron el proyecto hacia 2031 o 2032.
Por otro lado, medios especializados han documentado la suspensión, por decisión del Gobierno Petro, de los pilotos de yacimientos no convencionales (Kalé y Platero, en Puerto Wilches) que eran el equivalente colombiano —a escala menor— de Vaca Muerta en Argentina.
El riesgo que viene: hasta 91,5% en tarifas
Un estudio de Fedesarrollo (Sergio Cabrales y Juan Benavides) proyectó que si la mitad de la oferta de gas del país llega a ser importada, las tarifas en cinco ciudades principales subirían entre 30,3% (Cali) y 45,8% (Bucaramanga). En el escenario extremo —dependencia total de importaciones— el alza llegaría a 91,5% en Bogotá. El Centro Regional de Estudios de Energía calcula que la probabilidad de déficit mensual de gas es de 39% en 2026 y 58% en 2027.

El contrapeso que hay que reconocer
El gobierno Petro sostuvo, mientras gobernó, que el problema era estructural y anterior a 2022: Colombia ya importaba gas de forma intermitente desde 2016, cuando se inauguró la terminal SPEC bajo la administración Santos, precisamente porque ya se anticipaba el agotamiento de los campos tradicionales. Sus funcionarios señalaron la ausencia de nuevos contratos de exploración desde 2015 como causa de fondo. Es un argumento válido sobre el origen de la escasez de reservas — pero no explica por qué la producción se aceleró a la baja específicamente en 2025 (-17,1%) ni por qué los proyectos que sí estaban en marcha (Sirius, pilotos de no convencionales) se frenaron durante esa administración.
Lo que plantea el nuevo gobierno
El presidente Abelardo De la Espriella, quien asumió el 7 de agosto de 2026 con María Nohemí Arboleda al frente del Ministerio de Minas y Energía, anunció en su discurso de posesión un giro de 180 grados: autorizar el fracking "responsable y sostenible", reabrir la firma de nuevos contratos de exploración y producción, y priorizar el desarrollo de la provincia gasífera del Cesar y el Caribe —con el respaldo, incluso, de la USO, el sindicato de Ecopetrol—. Según cifras de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos citadas en ese anuncio, el fracking podría extender la autosuficiencia de gas hasta 70 años, frente a los apenas 5,9 años de reservas probadas que tiene hoy el país. El propio Gobierno reconoce, sin embargo, que estos proyectos requieren licencias ambientales y estudios que tomarán varios años antes de traducirse en producción —es decir, el alivio en la factura no será inmediato.







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